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La “realidad” en la que vivimos es fruto de nuestras percepciones. Tú no puedes cambiar la realidad, pero si la entiendes y la percibes de un modo distinto, “tu realidad” cambia.
Todos nacemos únicos, en un momento concreto y en algún lugar y traemos un propósito genético, que mentalmente desconocemos. La vida es ese proceso, que transcurre desde que naces hasta que mueres, si conservas la salud y no alteras su proceso. Es ese viaje que emprendes desde tu punto de partida hasta tu punto de destino. Durante el viaje hay veces que sientes que estás perdido y otras que estás en la dirección correcta, a veces que avanzas y otras que estás atascado. Vemos, durante todo el viaje, señales a las que hacemos caso o no. Cuando sientes que estás en la dirección correcta percibes tu vida llena de propósito y de fuerza:“la realidad” tiene sentido. Cuando te atascas todo son resistencias, la vida no parece llevarte a ninguna parte y nada tiene sentido; y no es fácil llegar a un destino si no sientes a donde “tienes” que ir.
En el momento evolutivo en el que nos encontramos, los seres humanos nos identificamos con nuestra mente, con lo que parece ser nuestro yo. La mente es la que crea esa imagen esa personalidad del yo y a través de él interpretamos “la realidad”, en la que, a su vez, nos reconocemos y con la que nos identificamos. Es evidente que somos algo más que mente, de hecho, cuando nos concibieron hubo que crear primero el cuerpo, durante una serie de meses, durante los cuales, las células fueron multiplicándose. Se creo el vehículo que después fuese capaz de alojar la mente. Dentro del útero, nuestro cuerpo se formó antes que nuestra mente y nadie desde fuera le dijo cómo tenía que desarrollarse. Las instrucciones vienen impresas en nuestro código genético dentro del núcleo de cada célula y siguen estando ahí. Nuestro cuerpo es el vehículo que nos permite realizar el viaje. El vehículo trae unas características propias, individuales, únicas en su conjunto, nadie está repetido. Pero, además, ya trae su propio programa interior, que le permite que se realicen correctamente todas las funciones que necesita este cuerpo, para conservar la vida, de la que ha sido dotada.
En la primera etapa de nuestra infancia la mente no interviene en nuestro desarrollo, ni intenta dirigir nuestra vida, sino que actúa como un “admirador inocente”, un observar entusiasta de todo lo que acontece dentro y fuera de él. Pasajero asombrado de todo lo que ve, y es por eso que los bebés son tan bellos y tan inocentes; manifiestan limpiamente la esencia de su ser. Son los reyes de su mundo, a pesar de su indefensión. Aunque sin los cuidados adecuados, seríamos incapaces de sobrevivir ni siquiera unos días. Para poder hacerlo y mantenernos vivos necesitamos adaptarnos a nuestro entorno. Para ello y a medida que vamos creciendo, nuestra mente se va desarrollando, adaptándose al ser humano en formación. Es ahí donde el Yo Corporal, como dice, Ken Wilber, va dejando paso al Yo Mental, desde el cual vamos asimilando y aprendiendo modos de sobrevivir, en relación a las fuerzas que nos rodean. Acomodamos modelos de comportamiento, que nos permiten sobrevivir en un tiempo y en un espacio concreto; al menos, en el que nos toco vivir en la infancia. Esa es la grandeza de la mente, la capacidad de adaptación al entorno, de sobrevivir con lo de fuera.. Todo se puede aprender, en esos primeros años, y todo, a su vez, produce una fuerte impronta condicionada por el ambiente que nos rodea; que se va generalizando. Vamos respondiendo a el entorno, de la forma que podemos.
Al mismo tiempo que la mente se desarrolla, se llena de condicionamientos, empieza a adquirir poder sobre algunas funciones del cuerpo e intenta dirigir toda nuestra vida, menospreciando, en la mayoría de los casos, las necesidades y características de nuestro cuerpo-vehículo, ya que esta imposición, parte de modelos e identificaciones con otras personas, otros vehículos diferentes que nos rodeaban y de los cuales dependíamos para sobrevivir, en el tiempo. La vida y nuestra relación con ella, se va así convirtiendo en una vida interpretada desde unas características energéticas singulares y desde unos condicionamientos impuestos por el contexto, básicamente familiar. Nuestra mente aprende el modo de comportarse y dirigirse por imitación de aquellos a los que admira, la madre, el padre, el abuelo, el amigo, el maestro. Se configura, así, un guión de vida dentro de nosotros, desde nuestra mente, que en muchas personas va haciéndose cada vez más incompatible con su vehículo y las características de éste. La mente, pues, empieza a interferir en la dirección del vehículo y nuestra vida comienza a perder no solo su inocencia y su frescura, sino la Salud y el Bienestar.
La dirección del vehículo y su propósito, venía ya establecido, no había que diseñarlo, solo ajustarlo al entorno, según la forma materializada de cada vehículo, pero las presiones emocionales, la dependencia emocional, de la que cada niño no puede excluirse, parecen llevarnos a un descarrilamiento de nuestro propio vehículo , en ese intento por ir en caravana y cerca de papá y mamá… Al igual que cada piel, cada color de ojos .presenta unas características y por ello unas necesidades que determinan una manera diferente de uso para no dañarlos y enfermar, así nuestro diseño energético, nuestro carácter, determina unas maneras adecuadas de uso, desde donde puedan fluir esas energías y encauzarse de la forma mas adecuada, para responder a la vida. Y con el tiempo, más pronto o más tarde, descubrimos que no podemos ser como el otro, que hemos perdido media vida o más intentando ser quién no somos y que además hemos enfermado por eso. Pero, ¿Quiénes somos?. Como dijo Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Pero ¿quién soy yo? Parece ser, que mis circunstancias, a veces, presionan tanto mi naturaleza que acaban escindiéndome de forma tan profunda, a nivel psíquico o a nivel físico o en ambos, que mi vehículo, que no esta preparado todavía para seguir a mi mente, no le queda mas remedio que volverse disfuncional.
La única solución es :“Dejar de imitar- Se tú mismo”, pero no es tan fácil, en muchos casos, la mente y sus proyecciones nos ha alejado tanto de nosotros mismo, que ya no podemos reconocernos, ni siquiera sabemos que no somos lo que somos….., que ya no sabes nada de ti mismo, solo sabes lo que la mente ha ido construyendo, reinventando para ti…., años re-creándote, re-inventándote…., en base a los condicionamientos que te han rodeado, a las proyecciones…; eso sí, y no es irónico, con la mejor intención. No hay culpables, en verdad no los hay, solo hay víctimas, y somos muchas, empezando por nuestros propios padres. ¿Cómo recuperar mi Yo, mi Yo Corporal, mi memoria original, mi programa original y único….como volver a alinearme conmigo mismo, como reconocer mi verdadera naturaleza?. Sabes más de los demás que de ti mismo, ves más la naturaleza profunda de los otros que la tuya … Dónde está mi eslabón perdido, donde deje mi “destino”, mi fluir natural por la vida, desde mi mismo y no desde mi guión adquirido y adoptado…
Juan José Piedra Molina. Consultor de Diseño Humano
Mª Clara Ventura Obrador. Psicóloga y Analista.