Inicio > Artículos > Artículo completo
La Pedagogía Sistémica ha redescubierto, en su sentido profundo, las necesidades e implicaciones que tiene el ser humano de pertenencia y de referencia, de las que hablaba el antropólogo Maslow.
Todo niño pertenece a un sistema, al ocupar un espacio-tiempo, dentro del grupo familiar primario y ello hace que participe de una conciencia grupal particular, que avanza y que engloba no solo el Aquí y el Ahora evolutivo del niño, en dicho sistema, sino todo lo que ha pasado en generaciones anteriores.
Todo el flujo emocional de generaciones es arrastrado y conlleva a actitudes, generadas por las implicaciones profundas y lealtades que llamamos "sistémicas"; y ello conlleva que aunque las represente un individuo, pertenecen al sistema familiar, social, religioso, etc… Son movimientos psíquico-emocionales inconscientes muy complejos y profundos, que emergen a través de la pertenencia natural de los grupos primarios, en función de las posiciones que ocupamos en dichos sistemas.
Todo ello, entendido y extendido al ámbito de la escuela y los espacios de aprendizaje, es lo que llamamos o entendemos en su base por Pedagogía Sistémica. Es una mirada más amplia al niño, como representante de su entorno y del sistema familiar al que pertenece y en el que está siendo movido por una conciencia familiar transgeneracional, que le va a permitir unas actitudes, motivaciones y pulsiones determinadas, en función del lugar que ocupe en dicho sistema; las cuales son llevadas a la escuela. Pero ello, no solo le ocurre a los alumnos sino también a los maestros, profesores, directivos. Todos somos portadores de esas implicaciones sistémicas familiares y grupales (raza, religión…) a las que somos adscritos de forma profunda en un espacio/tiempo concreto: al nacer. Cuando podemos ver que no viene solo el niño a la escuela, sino que parte de su sistema es traído por él y representado en él, entonces podemos entender muchos de los acontecimientos, síntomas, disfunciones y desordenes, que emergen en las aulas.
Las tensiones no resueltas en los sistemas, avanzando de generación en generación van emergiendo, a su vez, con nuevos modelos de relación sustentándose en las dinámicas profundas de los vínculos. Los vínculos son el inconsciente afectivo de los sistemas, que vincula a sus partes, afectando así todo a todas sus partes, de una manera u otra.
Las soluciones sistémicas de la Pedagogía Sistémica son las que ponen el énfasis en las formas correctas de encontrar el orden natural, que libera de las tensiones al sistema. Y ello tiene que ver con Mirar lo que en verdad Es o Fue, en Aceptarlo tal como Es o Fue y en Reconciliarlo con Todo a lo que pertenece. Todo debe ser incluido y reintegrado allí donde pertenece o perteneció. Cada cosa en su lugar, ocupando su espacio y su tiempo, tal como el orden de referencia y de pertenencia natural le otorgó. Así la vida fluye ordenadamente y avanza sin tensiones. Todo lo que permanece fuera de su lugar demasiado tiempo daña. Y lo posterior, siempre sigue a lo anterior y se le debe el reconocimiento de haber estado antes. Encontrar ese equilibrio en los espacios educativos a través del orden, es lo que está poniéndose de relieve y haciendo la Pedagogía Sistémica. Entender todos los acontecimientos en las aulas y en las escuelas como espacios sistémicos interactuando. Y con ello se hace evidente que hay que tener muy presentes a los padres, si queremos entender el proceso de educar a sus hijos. Creando puentes de diálogo y de reconocimiento. A su vez, el maestro/profesor debe integrar a sus propios padres y a todo su sistema familiar amplio, transgeneracional, como precursor de su forma particular de vincularse con los alumnos, con el aula, la escuela y con sus propios compañeros, así como también con los padres de los alumnos.
Cuando entendamos de verdad y llevemos a la práctica que un sistema engloba a otro y todo afecta a todo y, a la vez, es afectado por todo, entenderemos la Inteligencia Sistémica. Por lo que debemos tener en cuenta que todo observador está afectando el propio campo que intenta observar y es a su vez afectado por él. Sólo desde esa mirada amplia se incluye y no se excluye, se integra y no se fragmenta, se entiende y no se juzga, se reconcilia y no se margina, se ordena y no se desordena.
Sólo desde este movimiento sistémico-fenomenológico - que pretende avanzar incluyéndolo todo, abarcando a su vez espacios y tiempos - conseguiremos que cada cosa y cada uno ocupe el lugar que le pertenece y conseguiremos así que haya un verdadero equilibrio entre el dar y el tomar, equilibrando las relaciones. De esta forma, el orden se restablece: desde la ubicación natural, que le corresponde a cada parte del sistema, desde su referencia y pertenencia natural.
Respetando los “Órdenes del Amor” derivados del nacimiento de las cosas, a través del respeto por la vinculación natural de los acontecimientos, respetaremos de verdad la vida y sus leyes implícitas.
Las dificultades y las disfunciones tienen que ver con los desórdenes que se dan a través de los espacios y los tiempos; con las alteraciones en las pertenencias y las disfunciones en los campos de conciencia referenciales.
Es labor de todos encontrar nuestro lugar, encontrar nuestra vocación y responsabilidad dentro del sistema y liberarnos de todo aquello que no nos pertenece, al estar en el lugar equivocado.
“Sólo en el orden puede fluir el amor que sana”
Aplicación de la perspectiva sistémica en el ámbito educativo:
Así pues, la Pedagogía Sistémica es la capacidad y el arte de captar los contextos y sus órdenes o desórdenes implícitos en todos los niveles y espacios; para que a su vez, se pueda intervenir sistémica y fenomenológicamente de forma consciente, sabiendo que todos somos parte de los sistemas y de los fenómenos en los que interaccionamos, aunque creemos ser solo espectadores.